Decido hacer una jornada suave. LLevo más de una semana sin parar. Por eso hoy iré hasta el próximo albergue , que está en Soto de Luiña, muy cerca de aquí.
Salgo a las 11:30, no hay prisa, a penas serán dos horas de pedaleo. El día es soleado y caluroso; parece mentira que estemos casi a mediados de octubre. Después de unos ocho kilometros y tras haber atravesado un sendero lleno de obstáculos y zarzas, me paro en un desvío buscando las señales y aparece un ciclista con alforjas que también está haciendo el Camino hasta Santiago. Charlamos y compartimos camino durante unos dos kilometros. De repente se da cuenta de que su rueda trasera está un poco deshinchada. Al cabo de unos metros, se confirma, está pinchada.
Viendo que no hay problema con el arreglo, me despido. El tiene pensado ir hasta Luarca y yo me quedo mucho antes, pero no sería extraño que volviéramos a coincidir en el Camino.