El albergue de Ribadesella no me ha dejado contento. Toda la ropa que tendí, está mojada porque anoche llovió un poco y el tendedero no tiene techo. El albergue es grande y espacioso, pero no merece el precio de 19 euros. Los tendederos están a la interperie y no tienen techo y el desayuno es más bien escaso.
Salgo con el culot largo, la camiseta que uso para dormir y la chaquetilla Skinfit. Pongo un mallot a secar en la parte trasera de Trekila y a mitad de camino puedo ponermelo y guardar la camiseta de dormir, que ahora huele a rayos.
Se me pasa rápido el enfado, no merece la pena, ha salido un dia soleado y hay que disfrutarlo a tope. Trekila suena como un violín desafinado. Después de engrasar la cadena, ya vuelvo a escuchar el ronroneo de las ruedas en contacto con el suelo. La pobre también se ha calado por la noche, y estaba un poco costipada.
En Villaviciosa, paro en un parque y me como una tableta entera de chocolate y algunos cacahuetes. Después de echarme una siestina de 30 minutos, ya estoy listo para afrontar los cuarenta kilometros que me quedan hasta Oviedo.
El camino que va por la iglesia prerrománica de San Salvador de Valdediós es brutal, la pendiente es muy fuerte y el camino estrecho. La vegetación a los lados es copiosa y ensombrece el camino, que parece que no ha cambiado durante años.
En Pola de Siero, me paro a pensar si hago los diecisiete kilometros hasta Oviedo o me quedo aquí. Un señor joven me ve con el mapa y me pregunta si necesito ayuda. Le digo que está todo controlado y charlamos unos 15 minutos. Me hace la pregunta que más veces he oido en lo que llevo de ruta, por qué me ha dado por hacer la vuelta España. La respuesta me la reservo para otra ocasión.
Me ha convecido y decido ir hasta Oviedo, según mi mapa, el recorrido es llano y con bajada. Por los caminos campesinos, me encuentro un tramo donde hay un campamento gitano. Es increible la alegría que hay, unas chicas bailando flamenco, unos niños corriendo y jugando, otros me saludan y me animan sonrientes.
Ya me he acostumbrado a los ladridos de los perros, cuando paso por caminos donde hay fincas a los lados. Esta vez, el perro de una finca, a mi izquierda, ladra como un descosido mientras corre junto a la berja. Cuando llega al final, sale al camino y me sigue detrás intentando alcanzarme. Meto un piñón más y acelero. Aun parece que me quiere dar alcance y pongo otro piñon mas, acelerando hasta que dejo de oir sus ladridos y sólo escucho el rápido latido de mi corazón.
Oviedo. Otra vez la ciudad; coches, humo, ruido, mucho mucho ruido (como dice la canción de Sabina). Una señora, con auténtico acento asturiano, me explica, la mar de bien, cómo llegar al albergue. Una vez allí, dejo a Treki en la entrada y noto sus ruedas un poco bajas. Al cabo de una hora puedo confirmar la tragedia, la ciudad ha pinchado las dos ruedas, está claro que a Trekila tampoco le gustan las ciudades.
Fotos de la etapa
Comments (1)
Yepaaa
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Lunes 20 de Octubre de 2008 08:21
Eusebio
Anda que no te pones fino con la gastronomía de la tierra !!!
Ánimos !!!!