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Crónica para Transandalus.org

Llevo ligado a la bicicleta desde que tenía 17 años y siempre había tenido el gusanillo de hacer un recorrido largo y probar las sensaciones de viajar "con la casa a cuestas". En este pasado 2008, se cumplieron las circunstancias perfectas para poder matar ese gusanillo y decidí no desaprovechar la oportunidad. Al principio, un compañero de trabajo me recomendó hacer el camino de Santiago, pero cuando me dijo que se tardaba unos diez días, me pareció poco, así que me puse a pensar como ampliar la ruta. Siempre me han gustado los recorridos circulares; salir de un punto y llegar al mismo por otra ruta diferente a la de salida. Y pensando, pensando, pensando en círculo, decidí finalmente, hacer la vuelta a España.

Para esta aventura, una de las cosas que tenía claro es que quería irme tranquilo y sin ningún tipo de ataduras. No me lo pensé mucho. Vendí mis dos vehículos, dejé mi trabajo de informático y el piso de alquiler donde vivía. La verdad es que todo fue un poco precipitado; tres días antes de la salida aún estaba haciendo la mudanza.

Con tres meses de antelación, me aseguré de informarme lo mejor posible sobre el material necesario, el tipo de bicicleta, la ruta que iba a seguir, etc… Ojeando webs y blogs por Internet, descubrí y me alegró mucho ver que hay tanta gente viajando en este medio de transporte, por todos los rincones del Planeta. Me hacía gracia compartir la experiencia con la gente y me auto-obligué a escribir un poco cada día. Creé esta web (www.unavueltaypacasa.com) y llevé un mini ordenador para poder actualizar las crónicas y fotos del viaje. Era muy divertido leer por la noche, antes de dormir, los comentarios de la gente que me seguía y que cada día ponía su granito de ánimo en mis piernas.

El 7 de septiembre comencé la aventura. La salida fue desde Barcelona, pues era dónde tenía todo el material y todos los preparativos. Además, estratégicamente era más adecuado para aprovechar mejor el buen clima. Salir a primeros de septiembre, me permitió recorrer el norte peninsular sin pasar apenas frío, para luego a finales de octubre estar ya por el sur, donde la temperatura fue muy agradable y el sol se lució casi cada día.

El viaje se puede dividir, según el itinerario, en varias partes: Barcelona, Cap de Creus, ruta alternativa a la transpirenaica, Camino de Santiago de la Costa, Via de la Plata, Transandalus, Via Augusta, y recorrido improvisado por la costa mediterránea hasta llegar de nuevo a Barcelona.

A primeros de enero mi peso era de 96 kilos y gracias a un amigo, empecé a entrenar para ponerme en forma y correr alguna triatlón en verano. Por el horario de trabajo, mi entrenamiento en bicicleta durante el año había sido, prácticamente, de fines de semana y gracias a eso, conseguí bajar 10 kilos, y volver a tener un corazón fuerte. Pero aun así, mis piernas no estaban acostumbradas a un pedaleo diario, y eso lo noté la primera semana del viaje, vaya si lo noté. Las agujetas se iban acumulando de un día a otro y los músculos estaban doloridos, y duros como piedras. Tal fue así, que subiendo hacía Sant Joan de L'Erm, pasé los peores días de mi viaje, tras sufrir un fuerte tirón muscular en el cuadriceps. Psicológicamente estuve muy preocupado y no podía hacerme a la idea de que, tras una semana de ruta, me tuviera que volver para casa. Afortunadamente, dos días de reposo, ibuprofeno en crema y una buena alimentación, fueron suficientes para que el músculo se recuperara. Todo esto me hizo recapacitar y desde entonces decidí bajar el ritmo, hasta que las piernas estuvieran más acostumbradas. Así pues, pasado este bache, disfruté muchísimo del paisaje pirenaico tanto del catalán, con sus empinadas cumbres, como del aragonés entre sus valles y cañones.

Después de recoger mi credencial de peregrino en Jaca, recorrí parte del camino de Santiago aragonés hasta Sangüesa y empecé a notar los indicios del peregrinaje a Santiago, compartiendo buenos momentos con otros peregrinos que iban a pie.

El Cantábrico fue mi compañero hasta Galicia, y mi guía, cuando las señales jacobeas desaparecían. Es cierto que el Camino del norte fue duro, subiendo y bajando cuestas continuamente, pero la belleza del paisaje; acantilados, calas escondidas y verdes praderas, anestesiaron totalmente la dureza del Camino. Fue, sin duda, la parte del viaje donde más cosas positivas aprendí y pude sentir parte de esa magia que caracteriza a los caminos jacobeos.

Tras pasar dos días en Santiago, recorrí parte del camino Francés en sentido contrario hasta Astorga, donde enlacé con la Via de la Plata. A partir de aquí, apenas me crucé con peregrinos, y menos, con otros bici viajeros. Experimenté realmente la sensación de viajar solo.

Una vez en Sevilla, compré la guía de la Transándalus Sevillana y me descargué de Internet el resto de las provincias andaluzas. Desde aquí, hasta Almería, serían mi guía a seguir. Y a partir de entonces comenzaba una ruta que no dejaba de sorprenderme. Después de sacar una foto que pensaba que sería la foto del día, a los pocos kilómetros tenía otra que la superaba. Aquí ya no tenía señales pintadas, pero la fidelidad de los rutómetros de la guía fue crucial para no perderme. Reconozco que en algunos tramos técnicos lo pasé un poco mal, con mi "Treki" cargada hasta las orejas, pero después, siempre había algo que lo compensaba con creces.

Llegué a tiempo para ver el atardecer en Zahara de los Atunes y allí conocí a otro alforjero, Jorge, con el que mantuve una divertida charla y que me ofreció su casa de Granada y su apoyo logístico en caso de algún incidente. Gracias compañero. Al día siguiente, me desvié ligeramente de la ruta, hasta Algeciras, para visitar a unos amigos, "los gaditanos", que conocí en Santiago, y que tanto a mi como a la "Treki", nos mimaron como a un bebé. Después, rodeado de alcornoques, reenganché de nuevo con la Transandalus dirección a El Colmenar.

Tuve mucha suerte con el tiempo, y hasta entrada en la Alpujarra Granadina, a finales de octubre, todavía podía ir en manga corta. Eso sí, el día de la llegada a Trevélez fue el día que más frío pasé del viaje, con razón es el pueblo más alto de la Península. Y justo tres días después, cayó una nevada que dejó el pueblo incomunicado. Afortunadamente yo estaba ya por Cabo de Gata, afrontando el fuerte viento que soplaba del norte, y disfrutando de los últimos tramos de mi travesía andaluza.

Desde Almería pasé a Murcia y paralelo a la costa mediterránea aceleré mi ritmo hacia Catalunya, viendo ya muy cercano el invierno y los temporales de frío.

Me quedé con las ganas de descubrir el resto de la ruta Transandulera, y me lo apunto como tarea pendiente. No sé si la próxima vez vendré con la "Treki" o con una BTT, pero seguro que no quedará en el olvido. Mi agradecimiento a los creadores de la Transandalus, por un trabajo bien hecho, y por hacerme disfrutar y conocer Andalucía pedaleando.

Mi agradecimiento también, a la gente que hizo de este viaje, una experiencia para recordar y lo mejor de todo, para continuar. Lo que iba a ser "una vuelta y pa casa", se ha convertido en una aventura que no acaba más que empezar. Gracias.

 
Comments (3)
animar la página.
3 Viernes 11 de Noviembre de 2011 10:32
andres
Buenos días compañeros, haber si os animáis a escribir un poco y actualizar el blog que está un poco abandonado.
Ánimo a todos contar vuestras experiencias en el diario de viaje. Yo ya mismo escribiré algo, haber si empiezo a salir más con la bici y os cuento como es la costa del sol. Venga ánimo.
página web
2 Lunes 07 de Noviembre de 2011 23:49
andres
Hola buenas noches, soy un aficionado y un amante de la bicicleta y tras navegar por internet esta noche, he descubierto esta página y la verdad es que la he agregado a favoritos de mi portatil, porque me ha gustado muchísimo.
Un saludo y ánimo con tus rutas, yo me estoy planteando en hacer algo pero más light.

La confianza en sí mismo es el secreto del éxito.
una vuelta, dos vueltas, tres vueltas...
1 Martes 16 de Febrero de 2010 00:23
Luismahou
Qué alegría volver a leer algo tuyo Raúl! Keep going!
Un abrazo
 
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