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Una de los peores tragos que se pasa cuando dependes del avión para desplazarte al lugar de inicio de tu ruta cicloviajera, son los minutos que pasas delante de la cinta transportadora del aeropuerto, esperando que salga tu bicicleta. Más luego los que pasas comprobando que todo está en buen estado. Hasta que no sales pedaleando del aeropuerto el ritmo cardiaco no se relaja. Mi amigo Jorge no tuvo la oportunidad de comprobar el estado de su bicicleta porque ni siquiera llegó.
Jorge Cuadrado, junto con dos amigos, decidieron pasar las vacaciones pedaleando por la ruta del Danubio, cuando Ramiro otro componente del grupo, les informó de la existencia de esa concurrida ruta cicloturista.Todos estaban animadísimos y después de tres meses de preparativos tanto técnicos como físicos, se plantaron en el aeropuerto de Madrid para coger un avión con destino a Nuremberg, y escala en Palma de Mallorca, donde se incorporaría al equipo, Victor, el cuarto componente del equipo, a quien habían conocido por Internet.Todos empacaron las bicicletas junto con la ropa del viaje, como medio de amortiguación de posibles golpes. Como la bicicleta de Jorge era la mas grande, tuvo que quitar la rueda trasera y meterla en la caja de uno de sus compañeros. Hasta aquí todo perfecto...
Cuando llegaron a Nuremberg todos pasaron el mal trago de la cinta transportadora.Todos menos Jorge que no vio aparecer su bicicleta, ¡menudo plantón!. Esperaron durante horas, casi un día entero en el aeropuerto, pero la bicicleta no apareció. Y allí estaba Jorge, con una rueda, un par de gallumbos y un chandal del Cádiz. Pese a ello, el ánimo no decayó, y estaban dispuestos a llegar a Budapest fuera como fuera, eso sí tenía que ser a golpe de pedal. A Jorge ni se le había pasado por la cabeza que fuera de otra manera. Así que compró una bicicleta de paseo de segunda mano por 59 euros, improvisaron un portabultos casero con una caja y una bandera del Cádiz F.C., para llevar la rueda que había quedado de recuerdo y todos juntos partieron hacia el lugar de destino.
La bicicleta quedó bautizada como la "Pode-rosa", por ser del mismo color que los trajes de la barbye, rosa. Se desplazaron en tren hasta Passau, ciudad donde comenzaba la ruta, y pese a algunas dificultades con la "Pode-rosa", menos preparada que el resto, recorrieron los 800 kilómetros hasta Budapest. Allí Jorge consiguió vender la "Pode-rosa" en una tienda de alquiler de bicicletas, por la que le dieron 60 euros. Estaba de suerte, el cambio de divisa era a favor, a 800 kilómetros el euro.
Estos tres gaditanos y un madrileño, disfrutaron de lo lindo. Conocieron lugares históricos, atravesaron pueblos y ciudades con encanto, visitaron Viena y Budapest, y conocieron gente interesante. Una experiencia cicloturista para recordar, sobre una ruta ideal para el que desee iniciarse en el cicloturismo, sin tráfico, sin dificultad técnica y bien señalizada.
Creo que Jorge tampoco olvidará nunca la experiencia de no ver aparecer su bicicleta en la cinta, ni la del euro que más pedales le costó ganar por una señorita bicicleta rosa. |
Aconsejaría a todos los cicloturistas a alquilar si se puede, una bicicleta cuando se sale de un pais. Hay que sopesar los pros y los contra que tiene meter una bici en un avión. Bajo mi punto de vista, creo que a no ser que sea un viaje muy específico, lo mejor será alquilar bici en el país de destino, así te quitarás el problema de que te pierdan o te fastidien la bicicleta.
Me ha gustado mucho la historia, y sobre todo el poder de negociación del grupo cicloturista, ya que sacarle un euro a una bici de segunda mano tras 800 kms, es más difícil que vender hielo en el polo norte!!
Un saludo cicloturístico a todos, y a seguir dando pedales!!!
enhorabuena al autor de la cronica y al protagonismo de la misma.
un abrazo y a seguir dando pedales!